Vamos a incluir aquí el relato con el que un miembro de nuestra peña y profesor del colegio San Felipe Neri (Rafael Marín) obtuvo el segundo premio del "IV Certamen Literario del Trofeo Carranza", hace un par de años (el relato completo lo puedes bajar desde nuestra Web o pinchando aquí).
25 años
"Tuvo que ser en el 81. Y contra el Sevilla nada menos, cachienlamar, cómo pasa el tiempo, que te arrolla como un camión sin frenos y cuando te das cuenta ni siquiera te ha dao tiempo de dejar los papeles en orden. Veinticinco años ya, Torre de mi alma, quién lo diría, la primera vez que el Cadi ganaba el Trofeo de los Trofeos, o sea, el Carranza, como quien dice, y allí estaba él, la mar de maqueao, de punta en blanco, peinado a navaja y sin las canas que tenía ahora, hecho un pimpollo, venga a ronear, con un chorro de duros en el bolsillo (que esos sí que duraban, y no los lerus estos, que se te escapaban de las manos como si fuera arena mojá de la playa), hincha del fútbol como antes fue hincha del boxeo, más orgulloso que qué, y encima enamorado, quién se lo iba a decir, con la de tiros que tenía daos ya y las cosas tan raras que había visto: la de divorcios, separaciones, cuernos y peleas que había seguido y fotografiado cuando trabajaba al servicio de su amigote Pepito Fiestas, pues ni esas, to lo que uno critica le cae encima, y aquel verano, desde el carnaval más o menos, los amigos se cachondeaban de él como luego se cachondearon de Carlos el legionario y la Pepa, porque nadie se imaginaba que con lo cuadrao que estaba, y la pinta de tío duro que ni las pinículas de John Wayne, también él iba a meter la pata hasta el cuadril, como todo el mundo, o sea, que se le iba a ir la cabeza por una gachí, y no para la ducha la cama y el yesverigué que cantaba Pepe da Rosa, que en gloria esté, qué arte, qué gracia, sino para plantearse un futuro, él que no tenía pasado, y criar niños y sacarlos de paseo los domingos y llevarlos al Achuri a tomar una tapita de albóndigas (aunque, ahora que lo pensaba, los niños seguro que serían modernos y preferirían una hamburguesa de esas de plástico que la chavalería come ahora). Que quiso sentar la cabeza, vaya, y hasta se veía en el Carmen vestido de pingüino con Pepito Fiestas de padrino y bombardeado de arroz o, todavía peor, de pétalos de rosa, que el amor es como el anuncio de Avon, que llama a tu puerta y no le cierras en las narices, sino que se te queda cara de bobo y le dices venga, pasa.....
Rafael Marín
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